Una parte muy importante, por no decir fundamental del ser humano, es su dimensión emocional. Muchas veces por razones culturales o la propia educación que hemos recibido, no se entiende que le expresión y gestión de las emociones pueda ser útil o necesaria. Incluso el hecho de manifestar las emociones  se llega a ver como algo negativo, interpretándose como un signo de debilidad ante los demás.

Las emociones forman una parte fundamental de nuestra existencia. Nos permiten sentir, vivir y actuar, y en muchos casos suponen la expresión de lo más bello del ser humano. No obstante, si no sabemos gestionar las emociones adecuadamente, pueden llegar a suponer un lastre o una limitación importante.

Por ello, quiero compartir aquí algunas nociones básicas sobre gestión emocional que quizá puedan serte útiles.

En primer lugar, es importante conocer cuales son las emociones consideradas básicas o primarias, éstas son: alegría, amor, miedo, rabia y tristeza.

Cada una de estas emociones tiene una función y razón de ser, no son en sí mismas positivas o negativas, siempre y cuando repito, no supongan una limitación importante. La tristeza, por ejemplo, tiene la función de aceptar la pérdida de personas queridas, bienes o ilusiones. A través de la tristeza se hace posible centrarse en una pérdida, elaborarla y finalmente decir adiós, lo que posibilita gradualmente recuperar la motivación para nuevos vínculos y proyectos.

A partir de las emociones básicas se pueden generar multitud de variantes, por ejemplo, los celos, son una variante de la rabia que combina tristeza y miedo. Además, ocurre también que hay emociones encubridoras de otras (emociones sustitutivas): por ejemplo, la tristeza encubriendo la ira, o viceversa.

Y ahora, ¿Qué hago con mis emociones? Se puede decir que tienes tres opciones cuando aparezca una emoción:

1. Reprimir la emoción. Cuando perciba que estoy sintiendo algo, una posibilidad es negármelo a mi mismo, pensar “no debo sentir esta emoción” y reprimirla sin dejarla fluir libremente. Por ejemplo, si estás triste y tienes ganas de llorar, puedes bloquear la emoción, quizá sientas un nudo en la garganta cuando intentes reprimirla. Esta opción, si se lleva a cabo de forma repetitiva y con emociones intensas puede llegar a tener un coste emocional considerable, y las consecuencias a largo plazo pueden acarrear serios problemas ansiedad o depresión.

2. Ser la emoción. En el otroextremo, puedo dejarme atrapar completamente por la emoción, ser yo la propia emoción, y que ella guíe el transcurso de mis comportamientos. En este caso, por ejemplo, si siento rabia en un determinado momento, puedo decidir dejarme llevar por mis impulsos y arrojar una silla, insultar o incluso agredir a alguien. ¿Te imaginas cuales pueden ser las consecuencias?

3. Gestionar efectivamente la emoción. Esta opción supone aprender a reconocer, aceptar, indagar y elegir una respuesta ante las emociones. Veamos:

  • Reconocer: Supone convertirse en un observador de la propia emoción, tratando de identificar qué emoción estoy sintiendo exactamente en la situación determinada, poniéndole nombre, reconociendo los síntomas físicos que la acompañan (respiración, sensación en el pecho, estómago, cuello, piernas, etc.). Sólo el hecho de permanecer como mero observador de la emoción tiene efectos tranquilizadores, reduciendo notablemente la ansiedad.
  • Aceptar: No elegimos la emoción, ésta “aparece” disparada por algún evento, ya sea de bienestar (Ej.: alegría) o malestar (Ej.: tristeza). Por tanto, se trata de aceptar la emoción sin juzgar. Evitar sumar malestar al sufrimiento, por ejemplo, sintiéndome mal por sentirme mal, o sentirme mal por no poder llorar, etc.
  • Investigar: Toda emoción lleva detrás una historia asociada. Aunque la emoción “aparece”, lo hace como consecuencia de un suceso interno o externo que la dispara. Aquí se trata de investigar como si fuéramos científicos de nosotros mismos, cuál es la historia asociada a la emoción, de dónde me viene, para qué aparece, qué me quiere decir, cuál es su utilidad en estos momentos.
  • Actuar: Una vez se tenga una mirada más amplia sobre la emoción, llegando a comprender que es uno quien tiene la emoción y no la emoción la que le captura a uno, estaremos en condiciones de actuar. La pregunta ahora será ¿Qué vas a hacer con esto? ¿Qué posibilidades de acción te vas a dar? ¿Cómo actuarás habilidosamente con la emoción?. La acción será la respuesta-salida que le damos a las emociones, se trata de reconocer la libertad y responsabilidad de elegir la forma de actuar y transformar esta acción en productiva.

Aprender a gestionar efectivamente las emociones puede parecer difícil si no estás acostumbrado, o simplemente si crees que no es posible. Pero poco a poco podrás convertirte en tu propio maestro de la gestión emocional, cuyos beneficios no tardarás en percibir. Si tienes a las emociones de tu parte, contarás con un aliado que te ayudará a conocerte mejor a ti mismo, a tomar mejores decisiones y actuar efectivamente, en definitiva, a alcanzar mayor grado de bienestar y felicidad.