La gestión de nuestro tiempo se ha convertido en una de las verdaderas llaves de nuestra efectividad, para conseguir ser o disfrutar de aquello que anhelamos. Si simplemente nos “dejamos llevar” por la corriente es posible que acabemos en la orilla que no queríamos, o quizá acabemos nadando contracorriente sin saber muy bien por qué. Si no nos paramos de vez en cuando a pensar en nosotros, dejando todo lo demás de lado, cuando nos queramos dar cuenta, quién sabe dónde estaremos, o dónde no estaremos…

¿Tienes la sensación de estar siempre ocupado pero no estar invirtiendo bien tú tiempo? ¿Sientes que simplemente ves pasar el tiempo hasta que por fin pasa algo más? ¿Piensas que debe haber alguna forma de invertir tu tiempo hoy para recoger los frutos mañana? Quizá algunas claves para administrar tu tiempo te puedan ayudar.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que nosotros somos los conductores de nuestra propia vida. Tenemos la última libertad para elegir en qué invertimos nuestro tiempo, ya que la realidad es que somos los últimos responsables de nuestra vida. Porque no tomar una decisión, es en sí mismo, una decisión ¿no crees?. Cuando nos decimos que simplemente hacemos lo que hacemos, como consecuencia de  nuestras experiencias infantiles, la educación de nuestros padres, nuestra genética o las circunstancias ambientales (política, situación económica, etc.) entonces hemos aprendido a ser inocentes. Es esta inocencia la que nos hace víctimas de las circunstancias, nos evita cualquier culpa o responsabilidad, quitándonos a cambio la libertad para elegir nuestro destino.

Lo segundo importante es conocer nuestro “Centro”.  ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué es lo que nos mueve? ¿Cuáles son nuestros valores? ¿Tengo alguna misión personal en esta vida? ¿Cuáles son mis principios de vida inquebrantables? Si conseguimos responder poco a poco a estas preguntas, se levantará ante nosotros un mundo de nuevas realidades, donde comprenderemos nuestra valía personal intrínseca, capaz de dotarnos de mayor seguridad, sabiduría, poder y guía personal. Es a través de  este tipo de preguntas como podremos saber hacia dónde dirigirnos.

Hasta ahora pues, si consideramos que nosotros somos los conductores de nuestra vida, y que sabemos hacia dónde dirigirla, sólo nos falta una cosa: ponernos en marcha gestionando nuestro tiempo de forma efectiva.

Stephen R. Covey, autor del libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” habla de cuatro generaciones en la administración del tiempo. Una primera generación comenzó planteando la gestión del tiempo a través meramente de listas de tareas, que mientras tachábamos nos permitía sentir la satisfacción de ver las tareas realizadas. La segunda generación, más avanzada, incluía la agenda como herramienta para asignar dichas tareas en un marco temporal determinado. La siguiente generación, la tercera, que es las más extendida actualmente, añade a la agenda la priorización de tareas en función de nuestros objetivos o valores personales, lo que sin duda, ha supuesto un gran avance.

No obstante existe una cuarta y última generación, que añade a las anteriores un elemento esencial: la necesidad de preservar la espontaneidad de la vida y de las relaciones humanas, estando la agenda a nuestro servicio y no al revés. Pero además, esta última generación identifica algo todavía más importante: la habilidad de guardar un equilibrio entre la Producción y la Capacidad de Producción. Así no se trata pues de estar siempre haciendo muchas cosas, sino de ser capaz de vivir e invertir tiempo de calidad en el presente, mejorando a la vez el potencial de nuestro tiempo del futuro.

Para ello es muy útil clasificar las tareas que realizas en función de su Importancia y su Urgencia, existiendo en función de las mismas 4 cuadrantes: Cuadrantes Covey ¿Podrías hacer una lista de las tareas que ocupan tu tiempo normalmente y luego situarlas en los cuadrantes anteriores? ¿Te das cuenta de algo?

Todo el tiempo que consigas invertir en las tareas que aunque no son urgentes, son importantes (Cuadrante II), te permitirá  a largo plazo reducir todas aquellas tareas que bien no te aportan valor (III y IV), o bien te hacen pasar el día “apagando fuegos” porque siendo urgentes e importantes (Cuadrante I) no te permitan ver más allá.

La clave está por tanto en saber centrar tu tiempo en el Cuadrante II, donde encontrarás una valiosa fuente de efectividad y satisfacción personal, orientándote a construir relaciones,  planificar, reconocer oportunidades, disfrutar del tiempo libre y, descubrir todo el potencial que ya existe dentro de ti. Es posible que para ello debas aprender a decir que “No” en muchas ocasiones.

Así, guardando equilibrio y coherencia entre tus valores, principios y prioridades, sin descuidar áreas importantes de tu vida como la familia, las relaciones sociales, la salud, la preparación profesional o el desarrollo personal, podrás alcanzar un estado de flujo que te hará conectar con tu verdadero Ser. Y ahora, ¿Nos ponemos en marcha?