Autoestima

El Poder de la Autoestima

La autoestima, como dimensión fundamental de la felicidad, es hoy en día uno de los mayores desafíos al que nos enfrentamos como personas que viven en este mundo. La autoestima es todavía una de las asignaturas pendientes, si lo que queremos es crecer como personas y como sociedad.

En parte esto se debe a su mala prensa. La sociedad en la que vivimos está cargada de creencias culturales, tópicos o reglas que, lejos de ayudarnos, pueden suponer una losa para nuestra experiencia vital.

Disfrazándolo de egoísmo, o falsa humildad, nos han ensañado desde niños que lo primero es agradar a los demás, que los demás son más importantes que nosotros mismos, y que luego ya podemos empezar a pensar en nuestro propio interés o amor propio. No está bien visto quererse a uno mismo, curiosa paradoja, pues para poder dar algo a alguien, primero habrá que cultivarlo en el interior de uno mismo: así lo defienden las personas que han experimentado la verdadera paz interior.

Ahora bien, ¿Qué entendemos por autoestima? La autoestima tiene que ver con el conjunto de sentimientos, pensamientos y conductas que hacen que una persona se considere digna de ser valorada y querida por sí misma, sin depender para ello de la valoración y cariño de los demás (Castañer, 2015). La autoestima no es un regalo con el que se nace o no, sino que se cultiva a lo largo de la vida, es la mejor inversión si lo que quieres es vivir plenamente y desplegar tu verdadero ser.

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No existe nadie que no tenga ninguna autoestima, ya que es necesario un mínimo para poder vivir y evolucionar como especie. Ahora bien, mucha gente vive, sin ni siquiera saberlo, en un paradigma basado en la falta de autoestima, cuyos rasgos característicos pueden identificarse cuando:

PERSONAS CON BAJA AUTOESTIMA PERSONAS CON ALTA AUTOESTIMA
·      Exceso de preocupación sobre lo que piensan o dicen los demás, creyendo que los demás están constantemente evaluándolas.

·      Se confunde la conducta con la valía humana: necesitando mostrar constantemente una serie de méritos o conductas correctas para que los demás la valoren.

·      Ante cualquier fallo, generalizan pensando y sintiendo que siempre lo han hecho todo mal y que los demás van a pensar lo mismo.

·      Exceso de autocrítica y sentimiento de culpa por no estar a la altura. Cualquier error cometido es una prueba más de su falta de valía.

·      Piensan que sentir algo malo, significa ser una mala persona. Ocultan/disimulan sentimientos “inaceptables” como la ira o el dolor.

·      Les cuesta empatizar, perdonar, aceptar cosas negativas de los otros, tendiendo a juzgar, criticar y ser rígido con los demás.

·      Sitúan el foco de interés en el otro o en la situación, sin sentirse el centro de atención o juicio de los demás.

·      Sienten valen por sí mismas, como persona, no por algún mérito o logro externo: no persiguen presentar a los demás demostraciones de que valen.

·      Interpretan las situaciones de forma más objetiva, sin generalizar y distorsionar tanto la realidad.

·      Piensan que no hay sentimientos equivocados u erróneos. Toda emoción tiene su utilidad y sentido con el cuál poder tomar acción o resolver un problema.

·      Mantienen más capacidad de empatía, respeto y actitud amable hacia el otro, pudiendo poner límites cuando es necesario.

·      Perdonan, contemplan la totalidad de la persona, no juzgan, aceptan, comprenden, y tiene ausencia o reparto de culpas.

Aunque el desarrollo de la autoestima puede y debe ser un camino a recorrer a lo largo de toda nuestra vida, quizá sirva conocer algunas herramientas que pueden servirnos para cultivarla poco a poco:

  • Desarrolla constantemente tu auto-concepto: poniendo el peso en nuestras aptitudes positivas y aceptando de manera realista las debilidades, sin criticar, intentando mejorar en la medida de lo posible.
  • Revisa tus esquemas mentales: identifica las ideas que tienes sobre el mundo o sobre lo que es aceptable o no aceptable. Por ejemplo evita ideas limitantes como la de que “Es necesario ser querido y aceptado por todo el mundo”, “Tengo que hacer las cosas perfectamente si quiero considerarme necesario y útil” o “Uno debe estar permanentemente preocupado por los problemas de los demás”
  • Identifica y transforma al autocrítico interior por un cuidador: no te exijas demasiado, no te critiques, te trates mal o te etiquetes “Soy un… y nunca cambiaré”. Permítete escuchar y expresar tus propias emociones, haz más flexible la forma en que hablas contigo mismo, trátate con respeto y aceptación.
  • Vive en base a la expresión de unos valores sanos que te potencien: conocer qué te mueve en la vida y qué es lo más importante para ti. Sé consciente del grado de rigidez que tienen tus valores y su jerarquía, vive alienado con ellos, y sé flexible cuando necesites realizar cambios.
  • Desarrolla tu asertividad: aprende a poner límites, a saber decir que no, a evitar la pasividad o la comunicación agresiva. Decir lo que sientes de una manera adecuada ante comportamientos que has observado de manera objetiva te ayudará a respetarte a ti mismo mientras respetas a los demás.

El desarrollo de la autoestima es sin duda el primer pilar del crecimiento personal, por lo que te invito a que nunca te olvides de la relación que tienes contigo mismo, si de verdad quieres mejorar la relación que tienes con el mundo que te rodea.

Bibliografía de referencia: Castañer, Olga (2015). “Hazte experto en inteligencia emocional”, Capítulo 5, La Autoestima. Editorial Serendipity.