Si eres como la mayoría de las personas, lo más normal es que tu mente esté a lo largo del día continuamente bombardeándote con pensamientos, muchos de los cuales lo más posible es que sean negativos. Es como un ruido interior constante que se mueve entre pensamientos y emociones, y que te lleva a analizar y juzgar situaciones pasadas, o a preocuparte con ansiedad por situaciones futuras que todavía no han ocurrido.

Estos pensamientos tienen una habilidad especial para atraparnos, para hacernos pensar que somos nosotros mismos e identificarnos con ellos. Además, son especialmente diestros para sacarnos del momento presente, para aislarnos de lo que tenemos alrededor, para desconectarnos del mundo que nos rodea y de nuestro verdadero ser. ¿Alguna vez te has sentido atrapado en un pensamiento repetitivo que no puedes parar? ¿Alguna vez te has subido al coche o al autobús y sin saber cómo ni darte cuenta has llegado a tu destino?

Las técnicas de meditación básicamente tratan de esto, de acceder al momento presente mediante la concentración y la atención plena en el ahora. Existe una herramienta basada en las técnicas tradicionales de meditación budista y que por su practicidad se está extendiendo tanto en el mundo empresarial como a nivel de la medicina y la psicología, que se llama “Mindfulness” (o Atención Plena).

¿Y en qué consiste el Mindfulness? Pues básicamente se podría resumir en ejercitar la atención para observar, percibir y sentir el momento presente, por ejemplo, prestando atención plena a la respiración, a los sonidos, los colores, olores, temperaturas o sensaciones corporales. La idea es que cuando surjan pensamientos y nos demos cuenta, sin juzgar dejemos que se vayan para seguir prestando atención al ahora. Existen libros que te pueden ayudar a ejercitar esta técnica (Ej.: Mindfulness en la vida cotidiana, de John Kabat-Zinn) o audios de meditación guiada, incluso lo puedes practicar en tu día a día mientras andas camino de algún sitio.

Los beneficios de la práctica continuada del Mindfulness son innumerables, teniendo un impacto en tu forma de ver y entender las cosas, y llegando incluso a cambiar tu vida. Aquí os pongo una lista de algunos de sus beneficios:

  • Reducción del estrés
  • Reducción del dolor crónico
  • Fortalecimiento del sistema inmunológico para luchar contra las enfermedades
  • Superación de acontecimientos dolorosos como la pérdida de un ser querido o una enfermedad grave
  • Gestión de las emociones negativas
  • Incremento de la autoconciencia para detectar pautas de conducta dañinas
  • Mejora de la atención y de la concentración
  • Fortalecimiento de las emociones positivas, incluidas la felicidad y la compasión
  • Incremento de las habilidades en la relación interpersonal
  • Reducción de las conductas adictivas
  • Mejora en la productividad laboral, en el deporte y en el estudio
  • Estimulación y liberación de la creatividad

En este punto pueden surgir algunas dudas, ¿Es posible centrarse en el presente, sin perder de vista el futuro, sin perder el rumbo? Mi respuesta es que sí, por varias razones: Cuando ejercitamos la capacidad de la atención, lo hacemos en todas sus vertientes, para vivir el momento presente, pero también para construir un futuro mejor, alineado con nuestros verdaderos valores. Además lo hacemos desde un estado de mayor serenidad, bienestar, calma y creatividad, generando más y mejores opciones.

Lo único que es cierto es el presente, si no sabemos disfrutar del momento presente de nada nos servirá alcanzar objetivos en el futuro, ya que si algún día vivimos ese futuro lo haremos inevitablemente desde el presente.

Muchas personas empiezan a notar resultados notables cuando practican entre de 20 y 40 minutos durante unos 40 días.